Decenas de militantes vascos muertos al explosionar artefactos que portaban o manipulaban. Información publicada en GARA el 9 de agosto de 2000.
GARA | DONOSTIA
Los cuatro presuntos miembros de ETA que perdieron la vida el pasado lunes por la noche en Bilbo son los primeros muertos de la organización armada desde que se diera fin al alto el fuego, periodo en el que falleció, de un tiro en la cabeza, el también militante José Luis Geresta, Ttotto.
Habría que remontarse hasta el 22 de marzo de 1984 para recordar la única vez que han fallecido cuatro miembros de un mismo comando, cuando en Pasaia las fuerzas policiales españolas ejecutaron a los militantes de los Comandos Autónomos José María Izura, Rafael Delás, Pedro María Isart y Dionisio Aizpuru. En el caso de ETA, la Guardia Civil mató, en 1991 en el barrio donostiarra de Morlans, a Jokin Leunda, Patxi Itziar e Iñaki Ormaetxea, tras rodear la casa en la que se encontraba el comando.
La historia de militantes vascos muertos a consecuencia de la explosión de artefactos que portaban o manipulaban ha sido trágica y se remonta muchos años atrás. Los dos primeros voluntarios fallecidos en estas circunstancias fueron militantes de EGI, las juventudes del PNV, aunque uno de ellos, Jokin Artajo, ya se había pasado a ETA, según personas cercanas al joven pamplonés. Artajo y Alberto Asurmendi fallecieron el 7 de abril de 1969 al explotarles, a la altura del valle de Ultzama, el artefacto que portaban en su coche cuando se dirigían a recoger a otro miembro del comando.
El último militante abertzale muerto cuando llevaba una bomba fue el donostiarra José María Igerategi. Ijitu, como era conocido entre sus amigos, portaba el artefacto en una mochila cuando éste deflagró en el centro de Gasteiz el 29 de marzo de 1994. La prensa especuló sobre la posibilidad de que la Policía hubiese colocado unos sistemas electrónicos con la finalidad de accionar los explosivos cuando eran transportados.
En la década de los 90 fueron otros dos los militantes de ETA muertos cuando manipulan explosivos. A Joxe Mari Arantzazistroke, que fue declarado hijo predilecto por el Ayuntamiento de Usurbil, le estalló una bomba junto al hipermercado Mamut de Oiartzun, el 21 de agosto de 1990. Al año siguiente, el 25 de octubre, falleció Kabi Goitia en un piso del barrio bilbaino de San Inazio cuando preparaba una bomba.
Entre esos dos sucesos, perdieron la vida en similares circunstancias otras dos personas. Josu Olabarria, el 21 de octubre de 1992, y Bernardo Astiazaran, el 5 de febrero de 1993, murieron cuando manipulaban sendos artefactos de fabricación casera, en acciones relacionadas, al parecer, con la kale borroka.
En esa misma década se produjo el accidente de este tipo que más víctimas ha causado hasta que este lunes estalló el vehículo que llevaba a cuatro presuntos militantes de ETA en el barrio bilbaino de Bolueta. En aquella ocasión los fallecidos era miembros de la organización Iraultza. El 30 de abril de 1991, Marisol Mujika, Rosa Díez y Jesús Fernández se encontraban dentro de un coche en Sestao cuando explotó la bomba que, al parecer, iban a colocar en una oficina del Inem. Las desgracias de este tipo se cebaron en esta organización, que entre 1983 y 1986 perdió a otro cuatro militantes.
Además de todos los citados, otros 22 militantes de ETA, Iparretarrak y Comandos Autónomos han fallecido cuando manipulaban o portaban artefactos explosivos. En una de esas ocasiones estuvieron a punto de fallecer cuatro miembros de un mismo comando, como sucedió el lunes en Bilbo. El 19 de abril de 1983, cuatro voluntarios de ETA se disponían a colocar una bomba en Arrasate, pero la goma-dos estaba en mal estado. Uno de los militantes, Félix Badiola, se dio cuenta de lo que sucedía y tapó con su cuerpo el artefacto, con lo que salvó la vida de dos compañeros suyos, que resultaron heridos, aunque murió su amigo José Antonio Garate.
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